21 enero 2010

Intenciones

Hoy quiero crear una especia de decálogo, totalmente particular, con la intención de llevarlo a cabo. Dudo mucho que se cumpla, aunque lo intentaré. Me baso en una anécdota que me contaron hace tiempo y que atribuyeron a Churchill (espero que sea él), el de los puros. No, el político. Bueno, el político que fumaba puros.
Consiste en que este señor, en una ocasión que tenía que dar un discurso, se levantó de la silla y se subió a la mesa que tenía delante de sí. Cuando comprobó que el auditorio estaba pendiente sólo de él, a voz en grito saludó, dijo su nombre y se despidió agradeciendo a la concurrencia su asistencia a dicho acto. Finalmente, se bajó de la mesa y se volvió a sentar en su asiento. Desconozco cuál fue la reacción del público.
Seguro que esta anécdota tiene más de una laguna, aunque espero mantener la esencia en este blog. Es decir, captar la atención de alguien (aunque sea mi mujer); manténerla (eso va a costar un poco más... porque es mi mujer); ser conciso, claro, breve y que lo que diga -en este caso escriba- sea coherente y corto.
Bueno, me siento.

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1 comentarios:

Siéntate, escribe y disfruta... felicidades.
Pablo

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